Ya estamos de vuelta de una fantástica semana en el norte del Mar Rojo, acompañados por un grupo de nuevos amigos llegados de distintos rincones de España y repetidores con los que hemos disfrutado al máximo, tanto dentro como fuera del agua. Ha sido un grupo muy top, con el que las risas, la complicidad y el buen ambiente han estado presentes desde el primer día. Además, muchos de nuestros buceadores decidieron continuar su formación a bordo, lo que les permitió exprimir cada inmersión y sacar el máximo partido a esta experiencia.
Nuestra expedición comenzó de una forma poco habitual. El sábado vivimos algo que en el Sinaí ocurre apenas un par de días al año: llovió. Un inicio inesperado que le dio un toque aventurero y emocionante a la semana. Los primeros días buceamos en la zona local y en los espectaculares arrecifes del Estrecho de Tirán, donde tuvimos la suerte de bucear entre peces de mil colores, tortugas y cruzarnos con un tiburón punta blanca.
Continuamos rumbo al Parque Nacional de Ras Mohamed, donde incluso fuera del agua nos llevamos una sorpresa: una familia de camellos nos regaló una mañana divertidísima en la que todos buscábamos nuestra foto de postal. Bajo el agua, las inmersiones fueron preciosas, llenas de vida y bancos de peces de todos los colores.
Decidimos cerrar la semana en el Thistlegorm, donde pudimos disfrutar de tres inmersiones completamente solos, explorando cada rincón del pecio y sumergiéndonos en su historia con total calma. Y, como broche final, volvimos a encontrarnos con una familia de delfines que apareció durante una inmersión para recordarnos quiénes son los verdaderos atletas del mar: juguetones, rápidos y vacilándonos sin parar mientras buceábamos junto a ellos.
Una semana redonda, de las que dejan huella y refuerzan esas ganas de volver una y otra vez al Mar Rojo.
Gracias por compartirla con nosotros… ¡nos vemos muy pronto bajo el azul!